EL SACRIFICIO


ANTES DE QUE EL ALMA PUEDA HALLARSE EN PRESENCIA DE LOS MAESTROS, SUS PIES DEBEN HABERSE LAVADO EN LA SANGRE DEL CORAZÓN

 


Cuanto más tenemos la fuerza de sacrificar todo lo que para nosotros representa la vida, y de depositar a los pies del Yo superior la sangre de yo inferior, mas en realidad nuestra vida, en lugar de disminuir aumenta.

 

Toda la evolución de la joven humanidad se hace por el sacrificio voluntario de la vida inferior a la vida superior. Cuando este sacrificio es completo, el hombre descubre que en lugar de perder la vida se ha convertido en inmortal.

 

El signo exterior del sacrificio permite comprender mejor el principio; atrae la atención sobre esta verdad fundamental: la vida inferior no logra la verdadera meta de su  evolución más que por su sacrificio a la vida superior.

 

Esta verdad, originalmente, estaba simbolizada por los sacrificios al uso en muchas religiones. EL lazo de sangre se deriva del mismo principio. La vida inferior se sacrifica a la vida superior y esta eleva a la primera por el lazo que jamas se rompe.

 

El discípulo tiene que lavar sus pies en la sangre del corazón.

Tiene que ofrecer íntegramente todo lo que ama y aprecia, todo aquello que le parece que constituye  su misma existencia, pero al perderlo, triunfa en la vida superior.

 

En general, la sangre no se derrama literalmente, si bien algunas veces tiene que serlo en realidad. Simbólicamente hay efusión de sangre, pero solamente por lo que concierne al discípulo en ese momento; porque la pérdida sufrida es sensible para él.

 

Sacrifica literalmente lo que para él constituye la existencia, y le parece que la ofrece sin posibilidad alguna de recuperarla jamás. Una gran prueba determina si el sacrificio del discípulo es completo; permite ver si el alma tiene la fuerza de lanzarse voluntariamente en la nada, de prodigar toda sangre de su corazón sin esperanza de recompensa. Si el discípulo es incapaz de ello es que todavía no puede hallarse en presencia del Maestro.

 

Por el contrario, si llega a rechazar todo lo que ha tomado hasta aquí para la vida, entonces el testimonio del pasado y la verdad de la ley declaran que recuperara esta existencia en una vida más poderosa y más elevada que aquella de la que se ha privado.

Es necesario que este sacrificio haya tenido lugar antes de que el discípulo, al pasar a la vida superior, se encuentre en presencia de los Maestros. Ha sido, pues, fuerte en razón directa de la firmeza de la que ha dado prueba al cumplir el sacrificio.

 



Esta frase tiene como sentido: el hombre desea estar de pies en presencia de los Maestros tiene que haber sacrificado al yo inferior al Yo superior. Los pies del alma, su personalidad terrestre, tiene que ser lavados en la sangre del corazón o de las emociones, antes de que la vida superior pueda llegar a ser accesible.

 

En la vida, esta es una ley general. El niño pequeño disfruta mucho son sus juguetes, pero luego crece, sus juegos infantiles ya nos son para su edad, los abandona a fin  de sobresalir en los ejercicios más serios.

 

En la facultad, el adolescente, para aplicarse al estudio renuncia a menudo a solazarse, lo cual le gustaría mucho más; o bien renuncia al atractivo de una lectura para absorberse bien en los verbos griegos, bien en los estudios que le parecen de poco interés y poco útiles. Si se entrena para una carrera de atletismo, o para el remo, renuncia a las buenas comidas y, hasta después de la carrera, se impone un régimen frugal y severo.

 

El sendero del ocultismo uno se da cuenta de que muchos de los placeres considerados como tales en el mundo exterior, no responde mas que una pérdida de tiempo.

 

Hay casos en que hace falta un verdadero esfuerzo para  separarse de ellos; a la llamada de la vida superior, el aspirante responde, pero a expensas de su naturaleza inferior; para alcanzar la vida superior tiene entonces que rechazar la inferior, pero mas tarde, ésta perderá todo su atractivo. Desde el momento en que el hombre ha comprendido plenamente la vida superior, la inferior deja absolutamente de existir para él, pero en muchos casos se ve obligado a rechazar la segunda antes de entrar realmente en la gloria y en el gozo de la vida espiritual.

 

 



He conocido a muchas persona que, ante ocasiones favorables y en ese momento preciso se han vuelto atrás; han fracasado al no estar preparadas para sacrificar todo aquello de lo que hasta entonces había disfrutado, sin, aparentemente recibir nada a cambio.

 

A menudo, un hombre, temiendo prescindir de una cosa antes de poder conseguir otra, se aferra a la menos elevada, pero no se siente satisfecho porque ha entrevisto la mas elevada.

¡Sacrificarlo todo ala llamada del Maestro!.

 

Uno se pregunta si esto será posible; han pensado muy a menudo, y ha esperado que cuando llegue el momento lo hará, pero ¿será posible vosotros hacerlo a conciencia y sin pena? ¡Cuantos hay que han trabajado durante años y años, que se extrañan de no haber llegado, de no estar entre el numero de aquellos a los que el Maestro puede llamar muy cerca de Él¡

 

La razón es siempre la misma: es la personalidad bajo una forma u otra la que les impide avanzar. Este sacrificio total no se cumple tergiversando siempre, hoy dando, mañana buscando guardar, no  con orgullo toman la afectada actitud de "quien lo ha dado todo.

 

 

Esta actitud no vale nada. Hay que llevar a cabo el sacrificio como una cosa totalmente natural y con serenidad. La persona a la cual le aguarda el éxito se dice que el único partido a tomar es decidirse, cuando llegue el momento,  a la gran renunciación.

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